Corría el año 2000, los dioses del Olimpo estaban reunidos nuevamente a la espera de que Poseidón hiciera la elección del nuevo capitán del equipo océano. Habían once dioses sentados alrededor de una mesa redonda bebiendo vino con sus copas de oro. Todos estaban callados, nadie decía nada hasta que Poseidón habló por fin con su hermano:
-Ya he tomado la decisión. El sucesor de mi antiguo capitán será él.
Su mano señaló al centro de la mesa y con solo un gesto hizo que un círculo de agua se alzara hasta llegar a la altura de sus cabezas. El agua comenzó a entrelazarse y formó una figura.
Zeus no creía lo que estaba viendo, solamente veía a un niño de tres años cogido de la mano de su madre mientras paseaban por la calle.
-Hermano, sabes que aceptaremos tu decisión pero ese chico todavía es muy joven, va en contra de todo lo que hemos pactado- Dijo Zeus mirándole a los ojos.
-Esperaré a que crezca, él tiene algo en sus ojos que no tiene nadie más- contestó Poseidón con toda seguridad.
Atenea, nerviosa por su decisión, no aguantó más.
-Poseidón, será mejor que elijas a otro capitán, no sabemos nada de él, cabe la posibilidad que no sea como tú esperas, será mejor que elijas a otro.
-¿Cuestionas mi inteligencia?- Dijo Poseidón con un toque de mal humor.
-Nadie cuestiona tu inteligencia- dijo Zeus- pero creo que Atenea tiene razón, recuerda lo que te pasó con tu último capitán…
-¡Lo sé!- Interrumpió Poseidón levantando la voz.
Todos los dioses que estaban ahí sentados se quedaron mirando a la nada sin saber que hacer ni que decir.
Poseidón se levantó de la mesa y caminó hacia la puerta de salida hasta que Zeus le preguntó:
-¿Es tu última decisión?
Poseidón con una mirada alegre pero al mismo tiempo pícara le contestó:
-Es mi última decisión.
Todos los dioses se levantaron al mismo tiempo y asintieron con la cabeza mientras miraban a Poseidón. Cada uno de los dioses alzó su brazo derecho y Poseidón cerró los ojos para que le asignaran el capitán que había elegido. Once rayos cayeron directamente sobre Poseidón como muestra de aceptación. Cuando todos aceptaron, Poseidón chasqueó sus dedos y de la puerta trasera de esa habitación salió un hombre con un tridente de oro y se lo entregó a él al mismo tiempo que le hacían una reverencia.
-Habla con el consejo- Le ordenó al hombre- que manden a alguien para que lo vigilen.





